La especie fue descrita por primera vez el 24 de enero de 1932 por Chapman Grant, un
mayor del ejército de los Estados Unidos de Norte América. Grant capturó un ejemplar después de varios días de búsqueda en los
guajonales. Por la descripción que realizó Grant en 1932 es obvio que las
personas que vivían en los lugares alrededor donde se encontraban las cuevas
sentían terror por estas criaturas y que ni las ofertas de dinero eran capaces
de convencerlos de que entraran a las cuevas en su búsqueda (Joglar 1998).
A parte de todo ese aparente misterio y narración folklórica
del Guajón la realidad es que es una de las 16 especies de coquíes de nuestra
Isla con un cántico muy peculiar y un hábitat y modo de vida que lo hacen único
entre todas las especies de coquíes puertorriqueñas. Se caracteriza por
tener una voz melodiosa y baja, totalmente distinta a las de las otras especies
de Eleutherodactylus (Rivero, 1978 y 1998). Sus discos digitales y
sus ojos son grandes, sus patas traseras son muy largas (Rivero, 1978, 1998,
Joglar 1998). Pone los huevos sobre la superficie de los enormes peñones
dentro de las cuevas y el macho es el que cuida de los huevos. Su
actividad vocal o cántico es más activa durante las horas del día principalmente
al atardecer y anochecer. Durante las noches abandona las cavernas o
cuevas en busca de alimento en el exterior y regresan al interior de las cuevas
antes del amanecer.
En 1997 el Servicio de Pesca y Vida Silvestre de los EE.UU.
declaró al Guajón especie vulnerable debido principalmente al área geográfica
limitada en que se encuentra. Es imprescindible entonces que se proteja su
hábitat, declarar su hábitat como crítico para la supervivencia de la especie y
minimizar las actividades humanas que puedan tener un impacto negativo sobre
esta peculiar especie. Para escuchar cántico nuevamente de
click aquí.
El Logo del Comité Pro- Desarrollo de Maunabo representa un
Coquí Guajón en la entrada de uno de los futuros túneles en la autopista PR-53.
Lecturas citadas y sugeridas: